El feriado por el Día del Trabajador dejó un balance dispar para el turismo argentino, marcado por una menor afluencia de visitantes, estadías más cortas y un significativo retroceso en el nivel de consumo. De acuerdo con datos difundidos por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, se consolidó un escenario de “turismo gasolero” que impactó de lleno en las economías regionales.
Durante el fin de semana largo se movilizaron 1.066.464 turistas en todo el país, lo que representó una caída del 8% en comparación con 2025 —año en el que el feriado se extendió por cuatro días—. Sin embargo, frente a 2023, que tuvo la misma duración de tres jornadas, se registró un crecimiento del 16%. El dato más preocupante fue el desplome del gasto real total, que cayó un 32,9% interanual, acompañado por una estadía promedio que no superó las dos noches.
En este contexto, Misiones logró sostener su atractivo turístico, aunque con resultados desiguales entre sus principales destinos. Puerto Iguazú volvió a posicionarse como el principal polo de atracción, impulsado por las Cataratas del Iguazú y las propuestas nocturnas. Eldorado alcanzó niveles de ocupación de entre el 70% y el 80%, mientras que Oberá registró un 44%. En tanto, Leandro N. Alem y Posadas mostraron un desempeño más moderado, con la capital provincial funcionando principalmente como destino de paso.
A nivel regional, el comportamiento también fue heterogéneo. En Corrientes, la Fiesta Nacional del Surubí fue el principal motor turístico, alcanzando ocupación plena y con unas 1.400 embarcaciones participando. En contraste, Chaco registró apenas un 30% de ocupación, afectado por intensas lluvias en El Impenetrable que provocaron cancelaciones. Formosa también mostró números moderados, con un promedio del 30%, aunque con impulso de eventos deportivos y la atracción del Bañado La Estrella.
En el NOA, Jujuy alcanzó un 60% de ocupación, destacándose la Quebrada de Humahuaca. Salta sostuvo su actividad a través del enoturismo en Cafayate y eventos deportivos, mientras que Catamarca capitalizó el reconocimiento internacional de su capital y el movimiento en la Ruta del Adobe. La Rioja, por su parte, mejoró sus niveles hacia el cierre del fin de semana en destinos como Villa Unión y Chilecito, con el Parque Nacional Talampaya como principal atractivo.
En el centro del país, la Provincia de Buenos Aires mostró un esquema basado en escapadas de cercanía. Mar del Plata tuvo un desempeño moderado, mientras que localidades del interior se destacaron por fiestas populares. En Buenos Aires, unos 100.000 visitantes generaron un impacto económico cercano a los $28.000 millones, impulsados por la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y espectáculos masivos.
Córdoba fue uno de los destinos más favorecidos por los eventos, con ocupación plena en La Cumbre gracias al Desafío del Río Pinto. En la región de Cuyo, Mendoza alcanzó un 65% de ocupación —con picos del 80%— impulsada por su Maratón Internacional, mientras que San Luis mantuvo un movimiento estable en sus circuitos serranos.
En la Patagonia, el balance fue moderado. Río Negro concentró su actividad en San Carlos de Bariloche y El Bolsón. Chubut promovió el turismo interno con un feriado extendido, destacándose eventos en Puerto Madryn. Neuquén tuvo su punto más alto en Villa Pehuenia con la Fiesta Nacional del Chef Patagónico. En tanto, La Pampa y Santa Cruz mantuvieron un perfil bajo, sostenido por el turismo regional.
Un rasgo común en todo el país fue el uso intensivo de medios de pago digitales. Ante la inactividad bancaria durante el feriado, las billeteras virtuales y el pago con QR se consolidaron como las principales herramientas, con promociones que incluyeron descuentos en gastronomía y financiación en alojamiento, en un contexto donde el turista priorizó el cuidado del gasto.

