El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impulsará a partir de las 10 de la mañana (hora del Este) un bloqueo total a Irán en el estratégico estrecho de Ormuz, con el objetivo de presionar al régimen de Teherán para que desmantele su programa de armas nucleares.
La medida busca asfixiar las finanzas iraníes, fuertemente dependientes de las exportaciones de petróleo, y forzar una nueva instancia de negociación con Washington. Según la estrategia de la Casa Blanca, el deterioro económico podría acelerar un acuerdo que incluya no solo la suspensión del programa nuclear, sino también el freno al desarrollo de misiles balísticos y la reducción del apoyo iraní a grupos aliados en la región.
En el entorno del gobierno estadounidense estiman que Irán podría perder entre 61 y 153 millones de dólares diarios, considerando un precio del barril cercano a los 105 dólares, lo que impactaría de forma directa en su capacidad de financiamiento externo.
El operativo será ejecutado por el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) e implicará restricciones a los buques que intenten ingresar o salir de puertos iraníes ubicados en el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán. Sin embargo, no se interferirá en el tránsito de embarcaciones que no tengan destino en puertos de Irán al cruzar el estrecho.
La situación en Ormuz plantea un escenario de alta tensión, ya que se trata de una de las rutas marítimas más sensibles del comercio energético global. El estrecho cuenta con dos canales de navegación y se encuentra bajo fuerte vigilancia militar, con presencia de fuerzas estadounidenses en la región y un sistema defensivo iraní que incluye islas estratégicas, minas y unidades navales de la Guardia Revolucionaria.
En paralelo, el Pentágono analiza una estrategia de intercepción selectiva más que un bloqueo físico total, en un contexto donde cualquier incidente podría escalar rápidamente el conflicto.
El impacto global de la medida es significativo: cerca del 90% del petróleo que transita por Ormuz tiene destino en Asia, con China, India, Japón y Corea del Sur entre los principales compradores. En particular, China concentra una parte sustancial de las importaciones provenientes de Irán, lo que convierte a la decisión estadounidense en un factor de fricción adicional en la relación entre Washington y Beijing.
Desde la administración estadounidense sostienen que el objetivo es cortar el flujo de ingresos petroleros iraníes sin excepciones, incluso si esto afecta a aliados comerciales de Teherán.
En este contexto, la Casa Blanca evalúa que la presión económica podría abrir la puerta a una nueva ronda de negociaciones diplomáticas. No obstante, desde Irán ya adelantaron que resistirán la medida y rechazaron lo que consideran una política de presión extrema.
La escalada ocurre en un escenario regional ya sensible, donde cualquier movimiento en el estrecho de Ormuz tiene potencial de impacto inmediato en el precio internacional del petróleo y en la estabilidad geopolítica global.

