En el marco de su catequesis semanal, el papa León XIV profundizó su reflexión sobre la constitución conciliar Lumen Gentium y destacó que el bautismo no es solo un sacramento de iniciación, sino un compromiso concreto de coherencia en la vida cristiana.
Durante su alocución, el Santo Padre volvió sobre el segundo capítulo del documento del Concilio Vaticano II, que presenta a la Iglesia como Pueblo de Dios, y subrayó que todos los creyentes participan de la misión de Cristo en su dimensión sacerdotal, profética y real.
En ese sentido, explicó que el bautismo confiere a los fieles el llamado “sacerdocio común”, que los capacita para adorar a Dios y profesar públicamente su fe. Asimismo, señaló que la Confirmación fortalece este vínculo con la Iglesia y compromete a los cristianos a anunciar y defender el mensaje evangélico.
“El testimonio de la vida cristiana se expresa en la oración, la ascesis y la caridad activa”, afirmó el pontífice, al tiempo que remarcó que esta misión es compartida tanto por los laicos como por los consagrados, en unidad con los ministros ordenados.
León XIV también hizo referencia a dos conceptos clave desarrollados por el Concilio Vaticano II: el sensus fidei (sentido de la fe) y el consensus fidelium (consenso de los fieles). Según explicó, este “sentido sobrenatural” permite a la Iglesia reconocer la verdad revelada, profundizar en ella y aplicarla en la vida cotidiana, resguardando así la autenticidad de su enseñanza.
En esta línea, sostuvo que la unidad de los fieles es esencial para custodiar el Magisterio y destacó que cada bautizado está llamado a ser protagonista de la evangelización, mediante un testimonio coherente de su fe.
Hacia el final de su catequesis, el Papa puso en valor la diversidad de dones dentro de la Iglesia, señalando que esta riqueza espiritual se manifiesta en la vida consagrada y en las distintas comunidades y asociaciones eclesiales.
Finalmente, invitó a los fieles a agradecer su pertenencia a la Iglesia y a tomar conciencia de la responsabilidad que implica, en un llamado a vivir una fe activa y comprometida en la sociedad actual.

