El Papa León XIV llamó a una fe encarnada que se traduzca en justicia, dignidad y paz


En su reflexión previa al rezo del Ángelus, correspondiente al segundo domingo después de la Natividad del Señor, el papa León XIV centró su mensaje en el misterio de la Encarnación, al que presentó como el fundamento auténtico de la esperanza cristiana y como una llamada a vivir una fe concreta, comprometida con la realidad humana.

Inspirado en el prólogo del Evangelio de san Juan —“Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”—, el Pontífice subrayó que la esperanza cristiana no se basa en cálculos humanos ni en un optimismo superficial, sino en la certeza de que Dios quiso compartir la historia de la humanidad. Al hacerse hombre en Jesús, explicó, Dios no permanece distante, sino que acompaña la vida concreta de cada persona.

El Santo Padre recordó que la Navidad no es solo la conmemoración de un acontecimiento del pasado, sino una invitación permanente a reconocer la cercanía de Dios en la vida cotidiana. “En Jesús, Dios se hace uno de nosotros y camina a nuestro lado, asegurándonos que nunca estamos solos en la travesía de la vida”, afirmó, destacando la presencia del Dios-con-nosotros en la fragilidad humana y en las situaciones concretas de cada día.

León XIV explicó que la Encarnación implica un doble compromiso inseparable. Por un lado, un compromiso con Dios, que exige revisar las formas de vivir y expresar la fe para que no se reduzcan a ideas abstractas, sino que partan siempre de la humanidad concreta de Jesús. Creer en el Dios hecho carne, señaló, implica reconocerlo cercano y presente en los rostros de los hermanos y en la realidad cotidiana.

Encarnación y compromiso con la dignidad humana

Por otro lado, el Papa indicó que la Encarnación compromete directamente con el ser humano. Si Dios se hizo uno de nosotros, toda persona posee una dignidad inviolable que debe ser respetada y protegida. De esta convicción nacen la fraternidad, la comunión, la justicia y la paz como consecuencias concretas de la fe cristiana.

En este sentido, insistió en que el cuidado de los más frágiles y la defensa de los débiles no son aspectos secundarios, sino una expresión esencial del culto auténtico a Dios. “No hay un culto verdadero a Dios sin el cuidado de la carne humana”, afirmó, señalando que la solidaridad debe ser el criterio fundamental de las relaciones humanas.

Al concluir, León XIV exhortó a los fieles a dejarse sostener por la alegría de la Navidad para continuar el camino cristiano con una esperanza renovada. Finalmente, encomendó este compromiso a la Virgen María, modelo de disponibilidad y servicio, pidiendo que ayude a los creyentes a vivir una fe cada vez más encarnada y cercana a la vida de los demás.