El Papa: en Cuaresma demos espacio al silencio y la escucha


El desierto, las tentaciones del diablo, el arraigo en el Espíritu Santo que no nos ahorra las dificultades de la condición humana, sino que nos ofrece el camino para resistir el engaño y las trampas. Este es el contexto de los cuarenta días de duras pruebas que experimentó Jesús, narrados en la liturgia del primer domingo de Cuaresma, que ofrece al Papa el inicio de una catequesis basada en el significado de un camino, el que precede a la Pascua, descrito como «luminoso».

Penitencia para hacer florecer la vida

Es la «vida» lo que León enfatiza, tanto al comentar las dificultades que enfrentó Jesús como al relacionarlas con el cristiano de hoy. La penitencia que enseña el Evangelio no es, por lo tanto, un fin en sí misma, sino un camino hacia la alegría plena; no es simplemente una herramienta para afrontar las propias limitaciones, sino una oportunidad para «superarlas y vivir».

La liturgia, con esta Palabra de vida, nos invita a considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera.