En una jornada atravesada por la emoción y el descontento, el estadio Monumental vivió una despedida marcada por el contraste. En la previa del encuentro frente a Banfield, los hinchas de River Plate ovacionaron a Marcelo Gallardo, mientras que gran parte del plantel fue reprobado con silbidos e insultos, reflejo del mal momento deportivo que atraviesa el equipo.
La noche del 26 de febrero quedará registrada como el último partido del segundo ciclo del “Muñeco” al frente del club. Antes del inicio del juego, el Monumental habló con claridad: aplausos cerrados para el entrenador más ganador de la historia riverplatense y una silbatina generalizada para la mayoría de los futbolistas cuando la voz del estadio anunció la formación.
Una bandera desplegada en las tribunas sintetizó el sentimiento hacia el técnico: “Que la noticia no tape la historia, gracias eternas Muñeco y cuerpo técnico”. El reconocimiento se hizo sentir desde el calentamiento, cuando los hinchas comenzaron a entonar cánticos críticos dirigidos al plantel: “A ver si nos entendemos los jugadores y la popular…” y “En River Plate hay que ganar y no pensar en qué boliche ir a bailar…”, además del reiterado “Pongan más huevos, pongan más corazón”.
Al momento de anunciar a los titulares y suplentes, solo los juveniles Santiago Beltrán, Facundo González, Ian Subiabre y Joaquín Freitas evitaron la reprobación. En cambio, futbolistas como Sebastián Driussi, Paulo Díaz, Marcos Acuña, Kevin Castaño, Matías Viña, Facundo Colidio y Maximiliano Salas —este último el más silbado— fueron blanco del descontento. Gonzalo Montiel y Tomás Galván recibieron una respuesta menos hostil, aunque también con murmullos.
Ya con los equipos en el campo de juego, la hinchada volvió a marcar diferencias. No sonó el tradicional “River, mi buen amigo…”, sino que el mensaje fue directo al plantel: “Al jugador: que deje la vida por estos colores”, seguido por el contundente “Jugadores, la c… de su madre”, que expuso el clima de tensión.
En contrapartida, el nombre de Gallardo fue coreado de manera unánime por los más de 80 mil espectadores presentes. El “Muñeco” recibió una ovación ensordecedora, que se repitió tras el gol de Lucas Martínez Quarta a los 13 minutos, cuando el equipo abrió el marcador y, por un instante, logró apaciguar los ánimos.
Sin embargo, la calma fue transitoria. Banfield alcanzó la igualdad antes del entretiempo y, al retirarse los jugadores hacia el vestuario, el estadio volvió a expresar su malestar con una nueva silbatina generalizada.
Así, el último capítulo de Gallardo en el banco de River tuvo todos los condimentos: reconocimiento eterno para el entrenador que marcó una era y un mensaje claro de exigencia hacia un plantel cuestionado por su rendimiento. El Monumental, una vez más, dejó en evidencia que en Núñez la vara siempre está alta.

