El legado de humanidad del Papa León XIV con el éxodo venezolano


Desde 2013, el mundo ha sido testigo de un desplazamiento humano sin precedentes en la región: más de nueve millones de personas han huido de un país aplastado por el régimen de Nicolás Maduro. En este complejo tablero geopolítico, la incertidumbre es la única constante. Mientras la comunidad internacional observa con cautela, se respira una densa bruma sobre el futuro inmediato: «Hoy nadie puede asegurar con certeza qué ocurrirá en el futuro próximo».

Sin embargo, en medio de la frialdad de las cifras y la política de alto nivel, emergen historias de una humanidad profunda que hoy cobran un nuevo significado global. Antes de vestir el blanco pontificio, el actual Papa León XIV fue el obispo Robert Prevost, un hombre que enfrentó en primera línea el dolor del destierro en el norte del Perú. La información aquí compartida sale del libro «El último Cónclave» de la vaticanista argentina Elisabetta Piqué y Gerard O’Connell.

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Elisabetta Piqué y Gerard O’Connell reconstruyen en este libro uno de los acontecimientos más decisivos de 2025: la muerte del papa Francisco y la elección de su sucesor, León XIV.

El refugio en el desierto

Perú se convirtió en el destino de 1,7 millones de venezolanos desesperados. De ellos, una quinta parte recaló en Chiclayo. Los testimonios de aquella época son desgarradores. «En 2018 había miles de personas, muchísimos dormían por las calles de Chiclayo, en la ruta que va a Lima: jóvenes, ancianos, mujeres con bebés recién nacidos. Las autoridades ni siquiera las veían», recuerda Augusto Martínez Ibáñez, responsable de la Pastoral de Movilidad Humana.

Fue en ese escenario de abandono donde la figura de Prevost se alzó no solo como líder espiritual, sino como un gestor de esperanza. «A monseñor Prevost se le partía el corazón. Entonces me llamó y me dijo “tenemos que hacer algo”», relata Martínez. Así nació «don Robert», una iniciativa pragmática que dio lugar a seis refugios temporales en locales cedidos por congregaciones y parroquias.

Un método basado en la realidad

Lejos de la asistencia vacía, el entonces obispo aplicó una estrategia que hoy define su papado. «El padre Roberto empleó su método usual: partir de la realidad, ante todo analizarla bien, y entender dónde y cómo actuar. Y después, construir una red de varios entes para poder dar un respaldo eficaz», explica Augusto.

Gracias a esta red, los migrantes no solo encontraban un plato de comida o un lugar donde asearse, sino una vía hacia la dignidad. Se estima que ayudaron a establecerse a unas siete mil familias. La intervención de Prevost fue clave para abrir canales con los ministerios peruanos, permitiendo que los recién llegados obtuvieran autorizaciones temporales para trabajar.

La huella en el corazón de los migrantes

Para miles de venezolanos, el nombre de Robert Prevost es sinónimo de salvación. Jenior, una mujer que partió de Anzoátegui en 2019 con su esposo y sus hijos, recuerda el momento en que estaba a punto de quedar en la calle hasta que alguien le sugirió ir a la catedral.

Hoy, con la perspectiva del tiempo y el cambio de dignidad de su benefactor, Jenior no puede evitar la emoción: «Ahora tenemos los permisos de residencia, así que también tenemos acceso a la salud, y todo esto gracias a monseñor Robert, perdón, el papa León XIV… No sabe a cuántos miles de nosotros ha ayudado».

En un mundo que a menudo prefiere cerrar las fronteras ante la crisis, la historia de León XIV en Chiclayo funciona como un testamento de su pontificado. Mientras el destino de Venezuela sigue envuelto en la bruma de la incertidumbre política, el recuerdo de aquel obispo que «analizaba la realidad para transformarla» sugiere que, para el nuevo Papa, la diplomacia más efectiva no es la que se firma en los palacios, sino la que comienza devolviendo la dignidad a quienes lo han perdido todo en el camino.