El desafío de descansar en verano y vacaciones


El verano suele ser sinónimo de descanso, pero paradójicamente, las altas temperaturas y la falta de horarios fijos pueden boicotear la calidad del sueño. La «deuda de sueño» acumulada durante el periodo estival es una de las principales causas de la fatiga crónica y la falta de concentración al retomar la actividad laboral.

El caos de las rutinas estivales

Durante las vacaciones, el reloj biológico tiende a desajustarse. La exposición prolongada a la luz solar y la flexibilidad en los horarios de comida retrasan la liberación de melatonina, la hormona encargada de inducir el sueño. Este fenómeno, sumado a las cenas copiosas y el consumo de alcohol, altera los ciclos naturales de reparación del organismo.

Para mitigar este impacto, los expertos recomiendan mantener una estructura mínima. No se trata de seguir un horario de oficina, sino de evitar que la hora de despertar oscile más de dos horas respecto a lo habitual. Una transición gradual los últimos días de descanso es fundamental para prevenir el llamado «síndrome postvacacional».

Higiene del sueño y tecnología

El control del entorno es el segundo pilar para un descanso efectivo. El cuerpo necesita descender su temperatura interna para dormir; por ello, mantener la habitación entre 18°C y 22°C es ideal. Si no se cuenta con climatización, el uso de tejidos naturales como el algodón y duchas de agua templada antes de acostarse puede facilitar el proceso.

Finalmente, el factor tecnológico es determinante. La luz azul de los dispositivos móviles suprime la producción de melatonina y mantiene el cerebro en estado de alerta. Los especialistas sugieren un «apagón digital» al menos 60 minutos antes de dormir, sustituyendo las pantallas por lectura en papel o técnicas de relajación para garantizar una desconexión real.