EFA Santa Rita, una escuela que forma estudiantes y fortalece valores en el corazón de la chacra misionera


Con más de 130 alumnos y una propuesta basada en la alternancia educativa, la Escuela de la Familia Agrícola de Santa Rita combina formación académica, producción agropecuaria y convivencia comunitaria. Autoridades y estudiantes destacaron el sentido de pertenencia, la vida sin celulares durante la semana y el compromiso con el arraigo rural.

La Escuela de la Familia Agrícola (EFA) Santa Rita continúa consolidándose como una referencia educativa para las familias rurales de Misiones. En comunicación telefónica con Cultura en Diálogo de Radio Tupambaé, el rector Mario Gocks, el coordinador de internado Marcos Heck y el estudiante Mauricio Alves Lencina compartieron la experiencia de una institución que desde hace más de tres décadas apuesta por la educación integral de los jóvenes.

La EFA Santa Rita nació en 1992 impulsada por la visión del padre José Marx y del ingeniero agrónomo Coluzzi, quienes identificaron la necesidad de brindar oportunidades educativas a los hijos de productores rurales de la zona. Desde entonces, la institución se convirtió en un espacio de formación que combina conocimientos académicos con prácticas productivas y valores comunitarios.

“Más allá de formar estudiantes en matemática, lengua o ciencias, nosotros buscamos formar personas con valores”, sostuvo Gocks, quien junto al coordinador Marcos Heck es egresado de la propia institución.

Actualmente, la escuela cuenta con 131 alumnos y 40 docentes. Los estudiantes permanecen en el establecimiento desde el lunes por la mañana hasta el viernes por la tarde bajo la modalidad de internado, una característica que fortalece la convivencia y el aprendizaje compartido.

Una comunidad educativa con fuerte sentido de pertenencia

Para Mario Gocks, regresar a la institución como rector representa una experiencia especial. Recordó que comenzó su trayectoria como alumno a fines de la década de 1990 y destacó que muchos egresados sueñan con volver a la escuela como docentes o directivos.

“Es muy distinto cuando uno es egresado de una EFA y vuelve a trabajar en ella. Hay un sentido de pertenencia muy fuerte”, afirmó.

El rector también destacó que la institución atraviesa un año positivo gracias a distintos proyectos de infraestructura y desarrollo productivo. Entre ellos sobresalen la construcción de un playón deportivo financiado con aportes de la comunidad y nuevas inversiones impulsadas por la Fundación Carlos Díaz Vélez para fortalecer los sectores productivos.

La escuela cuenta con huertas, viveros, producción porcina, avícola y otros espacios didácticos que permiten a los alumnos aprender haciendo. Gran parte de lo producido se destina al consumo interno y el excedente se comercializa para que cada sector sea autosustentable.

La vida en el internado y una semana sin celulares

El coordinador de internado, Marcos Heck, asumió el cargo el año pasado tras la jubilación de su antecesor. Luego de desempeñarse durante 15 años como docente de escuela pública, regresó a la EFA donde había sido estudiante.

“La adaptación fue rápida porque conocía la institución y también a gran parte de la comunidad educativa”, explicó.

Heck detalló que la rutina diaria comienza temprano, con el desayuno y las actividades académicas y productivas. Los estudiantes cuentan con horarios establecidos para el descanso y la recreación, manteniendo una convivencia ordenada durante toda la semana.

Uno de los aspectos distintivos de la institución es la restricción en el uso de teléfonos celulares. Los alumnos entregan sus dispositivos los lunes al ingresar y los recuperan recién los viernes al retirarse.

“Los chicos traen el celular, se guarda en un cofre y queda allí toda la semana. Si necesitan comunicarse con sus familias lo hacen a través de los teléfonos de la institución”, explicó.

Según las autoridades, esta medida favorece el diálogo, la interacción entre compañeros y la construcción de vínculos más sólidos dentro de la comunidad educativa.

Aprender para aplicar en la chacra

La experiencia de los estudiantes refleja el impacto del modelo educativo de la EFA. Mauricio Alves Lencina cursa actualmente el quinto año y asegura que su paso por la institución marcó un antes y un después en su formación.

“Creo que la mejor parte de mi estudio fue la EFA”, expresó.

Proveniente de una familia dedicada a la producción rural, Mauricio encontró en la escuela la posibilidad de adquirir conocimientos que luego puede aplicar en su propia chacra.

“Aprendí cosas que no sabía, como trabajar en invernáculos, podar plantas y distintas tareas productivas”, comentó.

Junto a su familia se dedica principalmente al cultivo de escoba, además de producir maíz, poroto y mandioca. La actividad familiar incluye todo el proceso, desde la siembra hasta la fabricación y comercialización del producto.

Pensando en el futuro, el joven manifestó su deseo de continuar estudios universitarios mediante el apoyo de una fundación que podría brindarle alojamiento y asistencia económica. Mientras espera una respuesta, destacó el acompañamiento permanente de su familia.

“Mis padres siempre me apoyaron para venir a la EFA y seguir adelante”, señaló.

Un modelo que sigue creciendo

La demanda por ingresar a la EFA Santa Rita continúa en aumento. Cada año la institución prioriza a los jóvenes provenientes de zonas rurales y luego abre cupos para estudiantes del área urbana.

Para las autoridades, el interés creciente de las familias responde a una propuesta educativa que combina formación académica, trabajo, responsabilidad y contención.

“Los alumnos están ocupados, acompañados y aprenden a convivir. Eso hoy tiene un valor enorme”, concluyó Gocks.

A más de tres décadas de su creación, la EFA Santa Rita mantiene vivo el legado de sus fundadores y continúa formando generaciones de jóvenes comprometidos con el desarrollo rural, la educación y los valores comunitarios.