La Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua, invita a los fieles a la conversión mediante el ayuno, la oración y la caridad. Sin embargo, San Juan Bosco, fundador de la Congregación Salesiana, enseñaba que el verdadero ayuno puede trascender la abstinencia de alimentos, incluyendo prácticas de dominio sobre los sentidos y la conducta cotidiana.
Según el tomo 12 de las Memorias biográficas de Don Bosco, el santo alentaba a los jóvenes a “no permitir nunca que el cuerpo mande” y a practicar la mortificación durante toda la Cuaresma. Para ello proponía formas concretas de ayuno espiritual:
- Ayuno de los ojos: evitar imágenes, pinturas o fotografías contrarias a la virtud y abstenerse de leer libros inmorales o contrarios a la fe.
- Ayuno de los oídos: mantenerse alejados de conversaciones que puedan ofender la pureza y no participar en murmuraciones o chismes.
- Ayuno de la lengua: desterrar palabras que escandalicen, bromas pesadas o hablar mal de otros.
- Ayuno de los actos: soportar con paciencia el calor, el frío y las incomodidades, tolerar los defectos ajenos y no realizar acciones contrarias al buen ejemplo cristiano.
Don Bosco subrayaba que estas prácticas debían ir acompañadas de la comunión frecuente: “Si reciben a Jesús con frecuencia en su corazón, su alma se fortalecerá por la gracia y el cuerpo se sentirá obligado a obedecer al espíritu”.
De esta manera, el santo promovía un ayuno integral que abarca no solo la comida, sino también los sentidos y la vida diaria, recordando a los fieles que la verdadera penitencia fortalece el alma y purifica la conducta.
Fuente: ACI Prensa

