El Vicario General presidió la misa central del Domingo de la Divina Misericordia en Posadas y llamó a vivir el perdón, la alegría y la paz
Con una multitud de fieles, la Parroquia Jesús Misericordioso de Posadas celebró este domingo 12 de abril su fiesta patronal en el marco del Domingo de la Divina Misericordia, una festividad instituida por San Juan Pablo II en el año 2000, basada en las revelaciones a Santa Faustina Kowalska y centrada en el mensaje del perdón total de las culpas.
La jornada estuvo marcada por una procesión que partió desde la parroquia San Alberto Magno y recorrió las calles de la ciudad con la imagen de Jesús Misericordioso, culminando en el templo anfitrión donde se celebró la misa central, presidida por el vicario general de la Diócesis de Posadas, Sebastián Escalante.
Al inicio de su homilía, Mons. Escalante valoró el testimonio de fe de la comunidad y el sentido espiritual de la procesión: “Muchos de ustedes han venido caminando en una procesión que expresa muy bien lo que debe ser nuestra vida: un caminar en medio de las vicisitudes y los temores, pero siempre en la presencia del Señor hasta el encuentro con Él”.
En ese marco, destacó que la Eucaristía es “anticipo de la meta” del cristiano: “El destino de los cristianos es Dios mismo, es la felicidad. Dios nos creó por amor, para que seamos felices”.
Escuchá la homilía de Mons. Escalante: pidió ser canales de misericordia, vivir la alegría y ser artesanos de la paz:
Misericordia que perdona y transforma
Retomando una enseñanza del Papa Francisco, Mons. Escalante subrayó que “la misericordia es el nombre propio de Dios” y llamó a revisar la imagen que muchas veces se tiene del Señor: “Dios no es un Dios que viene a castigarnos o a señalarnos para tirarnos abajo. Es el Padre misericordioso que nos espera para devolvernos la dignidad”.
En ese sentido, dejó una de las frases centrales de la celebración: “No lo olvidemos, Dios no quiere nuestra condenación, sino que quiere darnos el abrazo del perdón”.
Además, remarcó que la experiencia del perdón debe traducirse en actitudes concretas hacia los demás: “Estamos llamados no solo a recibir la misericordia, sino a ser canales de esa misericordia. Muchas veces experimentamos el perdón de Dios, pero después, frente al hermano, juzgamos y condenamos”.
El mensaje incluyó un fuerte llamado misionero: “Hay muchos que están alejados, heridos o en las periferias existenciales. Ahí tenemos que ir como misioneros de la misericordia para abrazar esas pobrezas y acercarlas a Dios”.
La alegría que nace de la Pascua
En un segundo momento, el vicario general invitó a pedir el don de la alegría, en contraste con los miedos y angustias del mundo actual: “Los apóstoles estaban encerrados y con miedo, pero cuando se aparece Jesús se llenan de alegría. También nosotros queremos vivir esa alegría”.
Sin embargo, advirtió sobre las falsas propuestas: “La alegría no está en el tener, ni en el poder, ni en el placer. Esas son alegrías falsas, pasajeras, que no responden a lo profundo del corazón”.
Y explicó el origen de la verdadera alegría cristiana: “La alegría verdadera viene del misterio de la cruz, del Cristo que murió y resucitó venciendo la muerte. Ese es el motivo de nuestra alegría”.
Asimismo, invitó a descubrir a Cristo en los más necesitados: “Lo encontramos en los pobres, en los enfermos, en los presos. Allí podemos tocar sus llagas y experimentar la alegría verdadera, en el servicio y la entrega”.
Un llamado urgente a la paz
Finalmente, Mons. Escalante centró su mensaje en el don de la paz, en un contexto marcado por conflictos y tensiones: “Tenemos que implorar por la paz y por la conversión de los líderes del mundo, para que abandonen la violencia y caminen hacia una paz desarmada y desarmante”.
Al mismo tiempo, advirtió que la violencia no es ajena a la vida cotidiana: “No está solo en las guerras, también está en nuestras familias, en nuestras comunidades, en la política y en la economía”.
Por ello, convocó a un compromiso concreto: “Necesitamos ser artesanos de la paz y construir un mundo más justo, fraterno y solidario”.
En esa línea, también hizo referencia a la realidad social: “Muchas situaciones generan desolación en nuestro pueblo. Debemos trabajar unidos para transformar estas realidades y buscar el bien común, la justicia y la igualdad”.
Un mensaje de esperanza

Al concluir la celebración, el vicario general llamó a renovar la confianza en Dios: “Pidámosle que tenga misericordia de nosotros, que llene nuestro corazón de la alegría que brota de la Pascua y que nos conceda el don de la paz”.
Y cerró con la invocación propia de la jornada: “Jesús, en vos confío”.
Fotos: Rocío Ayala (Pastoral de Comunicación)
Redacción: Fabricio Salto para Radio Tupambaé
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