Cada 14 de abril se conmemora el Día Mundial de la lucha contra el mal de Chagas, una enfermedad históricamente desatendida que continúa representando un desafío sanitario en Argentina y América Latina, especialmente entre los sectores más vulnerables.
La enfermedad de Chagas, también conocida como tripanosomiasis americana, es causada por el parásito Trypanosoma cruzi y puede resultar potencialmente mortal si no se detecta y trata a tiempo. Entre las principales vías de transmisión se encuentran el contacto con las heces de la vinchuca —insecto vector de la enfermedad—, la transmisión de madre a hijo durante el embarazo, el consumo de alimentos contaminados, transfusiones sanguíneas y trasplantes de órganos.
A nivel global, se estima que entre 6 y 8 millones de personas están infectadas. En Argentina, alrededor de 1,5 millones conviven con la enfermedad y, de ese total, 7 de cada 10 desconocen su diagnóstico.
En los últimos años, especialistas advierten un cambio en el patrón epidemiológico. Si bien históricamente el Chagas estuvo asociado a zonas rurales y viviendas precarias, actualmente el 66% de las personas afectadas reside en áreas urbanas, mientras que el 33% permanece en zonas rurales. Este fenómeno se vincula tanto a los movimientos migratorios internos como a la adaptación del insecto vector a nuevos entornos urbanos.
En cuanto a las complicaciones, hasta un 30% de los pacientes crónicos puede desarrollar afecciones cardíacas, mientras que un 10% presenta trastornos digestivos, neurológicos o combinados. Se estima que unas 10.000 personas mueren cada año por complicaciones asociadas a esta enfermedad.
El expresidente de la Federación Argentina de Cardiología, Domingo Pozzer, subrayó la importancia de la detección precoz: “Estas complicaciones pueden retrasarse o evitarse con diagnóstico y tratamiento oportuno. No todos los pacientes desarrollan cardiopatías y muchos pueden llevar una vida normal”.
Una de las principales dificultades del Chagas es su carácter silencioso. En aproximadamente el 70% de los casos no presenta síntomas, lo que dificulta su diagnóstico. Cuando aparecen manifestaciones, pueden incluir fiebre prolongada, dolor de cabeza, cansancio, vómitos o malestar general, aunque en la mayoría de los casos la fase inicial pasa desapercibida.
En niños, niñas y adolescentes, el tratamiento adecuado puede lograr la curación. En personas adultas, si bien no siempre se alcanza la cura, el abordaje médico permite prevenir o reducir complicaciones. Asimismo, el tratamiento en mujeres en edad fértil disminuye significativamente el riesgo de transmisión durante el embarazo.
En materia de prevención, los especialistas destacan la importancia de mantener las viviendas limpias y ordenadas, sellar grietas en paredes y techos, ventilar camas y revisar objetos acumulados. También se recomienda ubicar corrales y gallineros alejados de la vivienda y evitar la presencia de animales dentro del hogar durante la noche.
Estas medidas deben complementarse con el control químico mediante insecticidas, tarea que debe ser realizada exclusivamente por personal capacitado. Además, el análisis de sangre es clave para prevenir la transmisión en transfusiones y trasplantes.
Actualmente, no existe una vacuna contra el Chagas, por lo que la prevención y el diagnóstico temprano continúan siendo las herramientas fundamentales para reducir su impacto.

