En el marco del Día Mundial de la Obesidad, que se conmemora cada 4 de marzo y fue establecido por la World Obesity Federation en 2015, profesionales de la salud reiteraron la importancia de comprender esta problemática como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, que va más allá del peso corporal o de una cuestión estética.
En comunicación con Cultura en Diálogo, la nutricionista Valentina Vallejos explicó que la obesidad “puede afectar a cualquier persona, sin distinción de edad o nivel socioeconómico” y advirtió que se trata de un fenómeno global. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 800 millones de personas en el mundo viven con obesidad y, de no revertirse la tendencia, para 2035 la mitad de la población podría presentar sobrepeso u obesidad.
Una enfermedad más allá del número en la balanza
Vallejos remarcó que la obesidad se define como “una acumulación anormal o excesiva de grasa corporal que puede ser perjudicial para la salud”. En ese sentido, aclaró que no depende únicamente del número que marca la balanza, sino del aumento del tejido adiposo y de las alteraciones metabólicas que puede generar.
“Es importante dejar de asociarla exclusivamente a la falta de voluntad o al hecho de ‘comer mucho’. Intervienen factores genéticos, hormonales, el entorno alimentario, el estrés crónico, la falta de actividad física, la mala calidad del sueño y las condiciones socioeconómicas”, señaló.
La profesional insistió en evitar mensajes simplistas o estigmatizantes y sostuvo que la única solución no es “hacer dieta”, sino abordar la situación de manera integral y sostenida en el tiempo.
Alimentación: no solo lo que sobra, sino lo que falta
En relación con los hábitos alimentarios en Argentina y particularmente en la región, Vallejos indicó que existe un bajo consumo de frutas, verduras y legumbres, alimentos clave por su aporte de fibra, vitaminas y minerales.
“Se recomienda consumir al menos dos frutas por día y aumentar la presencia de vegetales y legumbres como porotos, lentejas y garbanzos. Son accesibles y versátiles, no solo para guisos, sino también en ensaladas, hamburguesas o pastas tipo hummus”, explicó.
Asimismo, alertó sobre el alto consumo de productos ultraprocesados —snacks, bebidas azucaradas y alimentos con exceso de sodio y azúcar— que contribuyen a procesos de inflamación crónica y elevan el riesgo de enfermedades no transmisibles como diabetes, hipertensión y patologías cardiovasculares.
En cuanto a las harinas, recomendó no excluirlas de manera extrema, sino priorizar versiones integrales por su mayor contenido de fibra y capacidad de generar saciedad.
Hidratación, actividad física y descanso
Otro de los ejes fundamentales es la hidratación. La especialista sugirió un consumo aproximado de dos litros de agua por día (entre ocho y diez vasos), especialmente en zonas de clima cálido.
Respecto a la actividad física, indicó que la recomendación general es alcanzar al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, como caminatas, ciclismo o natación. “El movimiento debe verse como una herramienta terapéutica y no solo como una forma de quemar calorías”, afirmó.
Además, destacó la importancia del descanso. Dormir entre siete y nueve horas por noche contribuye a regular las hormonas que controlan el hambre y la saciedad. La falta de sueño, advirtió, puede alterar estos mecanismos y favorecer el aumento de peso.
Controles médicos y valores a tener en cuenta
Vallejos subrayó la necesidad de realizar controles periódicos. Entre los valores de laboratorio que requieren especial atención mencionó la glucosa en sangre en ayunas (cuyos valores normales oscilan entre 70 y 110 mg/dl), el colesterol total, el HDL (colesterol “bueno”), el LDL (colesterol “malo”) y los triglicéridos.
“Antes de centrarnos únicamente en bajar de peso, es fundamental normalizar parámetros metabólicos, mejorar el descanso y reducir el estrés”, explicó.
Medicación: con indicación y dentro de un tratamiento integral
En relación con los fármacos inyectables que comenzaron a utilizarse inicialmente para tratar la diabetes tipo 2 y luego fueron aprobados para el manejo de la obesidad en determinados casos, la nutricionista fue enfática: “No deben utilizarse sin evaluación médica previa”.
Estos medicamentos imitan la acción de la hormona GLP-1, que interviene en la regulación del apetito y la saciedad. Sin embargo, aclaró que no están indicados para todos los pacientes —como embarazadas o personas con ciertas patologías— y que no reemplazan un cambio de hábitos.
“No existe una solución mágica. Si no hay una modificación real en la alimentación, la actividad física y el estilo de vida, puede aparecer el efecto rebote al suspender la medicación”, advirtió.
Acompañamiento y salud mental

Finalmente, Vallejos resaltó el papel del entorno familiar y social en el proceso de tratamiento. El acompañamiento emocional y la motivación son factores determinantes para sostener cambios a largo plazo.
“La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial. Necesita un abordaje integral, sin estigmatizar a la persona y entendiendo que no se trata solo de peso, sino de salud”, concluyó.

