Día de la Maestra Jardinera: «El jardín es un lugar para disfrutar y reír»


Hoy, 28 de mayo, se celebra en toda la Argentina el Día de la Maestra Jardinera y del de Nivel Inicial, una fecha instituida en homenaje a la educadora y pedagoga riojana Rosario Vera Peñaloza, quien fundó el primer jardín de infantes del país. Para conmemorar esta noble tarea, los estudios de Radio Tupambaé recibieron la visita de Nilda Ayala, una docente retirada que ejerció la profesión durante 32 años en localidades como Posadas, Garupá y Montecarlo. Con profunda emoción y el recuerdo a flor de piel, Nilda definió su trayectoria como “una carrera de felicidad para mí, porque el que hace lo que le gusta y con pasión, este, no trabaja, digamos, sino que lo disfruta”.

Hija de madre docente y rodeada de familiares vinculados a la enseñanza, Ayala recordó que el ingreso al jardín representa el primer desapego del niño de su núcleo familiar, un proceso complejo que las maestras logran revertir con paciencia, canciones y afecto. El juego y las melodías tradicionales, como la icónica bienvenida de las olas, marcan el ritmo del aprendizaje y la adquisición de hábitos. Al rememorar el inicio de cada ciclo lectivo, la docente compartió entre risas una frase que solía repetir en las reuniones iniciales: “yo siempre decía, en mis épocas, que, a partir de hoy las que iban a llorar eran las mamás porque el jardín, este, no es un lugar, este, de llanto… las que iban a quedar llorando eran las mamis, no los niños”. Asimismo, remarcó la importancia de que la familia acompañe constantemente el crecimiento de los chicos, definiéndolos como “el tesoro más grande que podemos tener”.

A lo largo de sus más de tres décadas al frente del aula, Nilda fue testigo de profundas transformaciones sociales y tecnológicas, pasando de los materiales simples y las manualidades tradicionales a la irrupción de las pantallas. Sin embargo, el desafío más grande de su carrera coincidió con su último año en actividad. “A mí el hecho de jubilarme me tocó en el año de la pandemia, en el año 2020. Fue el año en que tuvimos que reinventarnos para llegar al niño a través de un celular, a través de una computadora… transformar toda nuestra casa en un jardincito”, relató sobre el enorme esfuerzo logístico y pedagógico que significó sostener la enseñanza en la emergencia sanitaria.

A pesar de las distancias impuestas por la virtualidad, el afecto sembrado durante su carrera cosechó un cierre inolvidable el Día del Maestro de aquel año, cuando sus alumnos de la escuela del barrio se organizaron para sorprenderla. “Vinieron hasta enfrente de mi casa… a saludarme con barbijos, todos desparramaditos por la calle, y a cantarme una canción. Ese fue el broche final de mi carrera”, rememoró con gratitud.

Con un cálculo rápido que supera los 750 alumnos formados bajo su cuidado en aulas que solían albergar entre 38 y 40 niños sin auxiliares, Ayala concluyó con un mensaje directo para las nuevas generaciones de educadoras: “disfrutar el día y agradecer a Dios la profesión que tenemos porque Él nos puso en ese lugar especial.”