En un giro político de alto impacto tras la captura de Nicolás Maduro, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció este viernes una amnistía general y el cierre definitivo de la cárcel de El Helicoide. La medida busca desmantelar lo que organismos de derechos humanos han calificado como el centro de torturas más grande de América Latina.
Durante un acto en la Corte Suprema, Rodríguez detalló que el inmueble —sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN)— será transformado en un centro social, deportivo y cultural. El espacio, que históricamente representó el terror estatal, será destinado ahora a las comunidades de San Pedro y San Agustín, así como a las familias del cuerpo policial.
De sueño arquitectónico a «mazmorra»
El Helicoide nació en la década de 1950 como un símbolo de la modernidad petrolera. Su diseño futurista preveía un centro comercial con helipuerto, hotel y 300 tiendas conectadas por ascensores vieneses. Sin embargo, tras décadas de abandono financiero, en 1984 fue ocupado por los servicios de inteligencia (DISIP), iniciando una metamorfosis que el chavismo consolidó al convertirlo en un centro de reclusión política.
El edificio se hizo temido por ser el destino de periodistas, activistas y ciudadanos comunes secuestrados durante la noche. Según denuncias de víctimas y familiares, era habitual que los detenidos pasaran días desaparecidos antes de que se confirmara su presencia en la estructura, donde convivían con criminales comunes en condiciones de hacinamiento y bajo sistemáticos malos tratos.
Debate sobre la justicia
La amnistía anunciada genera reacciones encontradas. Mientras familiares de los más de 50 presos políticos actuales celebran el cierre, organizaciones como el Foro Penal analizan el alcance de la medida. Expertos señalan la importancia de diferenciar entre el indulto y la amnistía, advirtiendo que esta última busca el «olvido» legal, lo que podría influir en la rendición de cuentas de quienes operaron en el recinto.
Con el fin de las operaciones del SEBIN en los pisos superiores del edificio, el gobierno interino intenta cerrar uno de los capítulos más oscuros de la represión en Venezuela, devolviendo la estructura a su propósito civil original.

