La economía argentina está protagonizando un fenómeno que muchos analistas consideraban sepultado tras la crisis de 2001: la reconciliación del ahorrista con el sistema financiero en moneda extranjera. Según los últimos datos del Informe Monetario del Banco Central (BCRA), el año 2025 cerró con una consolidación de lo que los técnicos denominan «dolarización endógena», un proceso donde el dólar no solo es refugio de valor, sino el motor de una nueva arquitectura crediticia.
El retorno del «colchón» al sistema
El crecimiento de los depósitos en dólares durante el último año no tiene precedentes en la historia reciente. El saldo de depósitos privados alcanzó los USD 36.966 millones, representando un incremento anual de USD 5.522 millones. Este salto vertical fue impulsado, en gran medida, por el éxito de la regularización de activos y una política oficial que, en palabras del presidente Javier Milei, busca «estimular el uso de dólares que los argentinos atesoran fuera del sistema sin persecuciones fiscales».
La profundidad de este cambio se refleja en el peso del dólar dentro de las carteras: mientras que al inicio de la actual gestión las imposiciones en moneda extranjera representaban el 22,2% del total de depósitos, hoy ese número escaló al 34,2%. Los bancos ya no son solo custodios de pesos devaluados; se han transformado en grandes administradores de divisas.
Del ahorro al crédito: un puente reactivado
Lo que diferencia este proceso de otros periodos de estabilidad es la velocidad con la que los bancos han volcado esos dólares al mercado interno. El saldo de préstamos al sector privado en moneda extranjera cerró el año en USD 18.470 millones, con un crecimiento anual que superó los USD 7.600 millones.
Este flujo de fondos ha tenido dos destinos principales:
Sector Exportador: El descuento de documentos para empresas que venden al exterior pasó del 1,1% al 2% del PBI, convirtiéndose en el pulmón financiero de la balanza comercial.
Consumo e Inversión Local: La proliferación de préstamos prendarios para vehículos y, más notablemente, el resurgimiento del crédito hipotecario. Estos últimos experimentaron un salto real superior al 186% en pesos constantes, pasando de representar un marginal 0,2% a un 0,7% del PBI.
Un cambio de paradigma: Menos inflación, más previsibilidad
La directora del BCRA, Silvina Rivarola, destacó que este crecimiento responde a una drástica desaceleración de la inflación, lo que permitió reducir la nominalidad de las tasas y mejorar la capacidad de pago de familias y empresas.
Sin embargo, el informe oficial también enciende algunas luces amarillas. A pesar del récord, el BCRA advirtió que las tasas de interés reales se mantienen elevadas y que la morosidad, aunque parte de niveles históricamente bajos, ha comenzado a mostrar un ligero incremento.
El futuro: ¿Hacia una integración total?
A diferencia del esquema rígido de los años 90, el escenario actual se define por una competencia de monedas «de facto». El sistema financiero parece haber encontrado un equilibrio donde el ahorro en dólares financia la expansión real de la economía. Con el crédito total alcanzando el 11,5% del PBI (frente al 8,5% del año anterior), Argentina parece estar sentando las bases de una profundidad financiera que no veía hace un cuarto de siglo.
La gran incógnita para 2026 será si este flujo de «dólares del colchón» podrá sostenerse una vez finalizados los incentivos del blanqueo, o si el sistema bancario ha logrado finalmente recuperar la confianza estructural que se rompió hace 25 años.

