Cómo la música reprograma tu cerebro: memoria, emociones y bienestar


El cerebro humano está constituido por dos hemisferios, izquierdo y derecho, y cada uno de ellos realiza múltiples actividades diferentes. La capacidad musical se encuentra especialmente vinculada al hemisferio derecho, mientras que en el hemisferio izquierdo se localizan las áreas encargadas del lenguaje gramatical, tanto en su comprensión como en su expresión.

En términos generales, los procesos matemáticos y gramaticales se organizan predominantemente en el hemisferio izquierdo, mientras que lo espacial y lo musical se procesan mayormente en el derecho.

Cuando a una persona que no ha estudiado música se le hace escuchar una melodía desconocida, se activan principalmente las cortezas auditivas del hemisferio derecho, vinculadas a lo musical. En cambio, cuando escucha música alguien con formación en armonía, se activan ambas cortezas: la musical y la gramatical.

Esto permite inferir que el aprendizaje musical también involucra funciones asociadas al hemisferio izquierdo, lo que sugiere que su enseñanza debería contemplar las funciones cognitivas implicadas, especialmente en la infancia, etapa caracterizada por una mayor plasticidad neuronal. En personas con trastornos neurológicos del habla, como la afasia, es posible recuperar parte del lenguaje a través del canto. En la vida cotidiana resulta evidente que recordar la letra de una canción sin su musicalidad es sumamente difícil.

Lenguaje y música comparten estructuras cerebrales y, en el canto, esta asociación alcanza su máxima expresión: personas tartamudas no presentan este problema cuando cantan y la memoria verbal se vuelve más accesible cuando está asociada a una melodía.

Música, cuerpo y emoción

La música interviene de manera directa en el movimiento. Cantar o escuchar música mientras se realiza ejercicio físico hace que la actividad resulte menos agotadora. Un trabajo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences USA mostró que la música reduce la percepción de fatiga, aliviando el esfuerzo a través de la activación del control motor emotivo.

Al movernos con la música se activan múltiples funciones cerebrales: la motivación, la atención, los centros motores de planificación y ejecución, y la sensopercepción, en particular la propiocepción, que es la percepción -consciente e inconsciente- de la posición del cuerpo en el espacio. De este modo, casi todas las funciones del cerebro y del cerebelo se encuentran activas durante la danza. Gracias a ello, el cuerpo puede expresarse a través de la música, vinculando la sonoridad con la función y el arte del movimiento.

La música genera múltiples efectos beneficiosos mediados por la liberación de endorfinas, sustancias que alivian el dolor y mejoran el estado de ánimo. Un estudio realizado por Ulrica Nilsson, de la Universidad de Írebro, mostró que los pacientes posquirúrgicos que escuchaban música experimentaban menos dolor o requerían una menor cantidad de analgésicos. Tanto ejecutar música o cantar como escucharla activan el sistema de recompensa cerebral, aumentando la liberación de dopamina, conocida como la sustancia del bienestar.

Este proceso es similar al que ocurre con otras experiencias placenteras, como la comida o el sexo. Se activan además áreas vinculadas al placer, como el núcleo accumbens, especialmente cuando el sonido es conocido y agradable. Estas regiones también participan en otras conductas asociadas al disfrute e incluso en fenómenos adictivos.

El hipotálamo también se activa con la música y cumple un rol clave en la regulación hormonal y del estrés. A través de la modulación de hormonas como el cortisol y la oxitocina, la música mejora el estado de ánimo y reduce estados de angustia. Se sabe que el estrés afecta al hipocampo, una región central para la memoria que se atrofia con la vejez; por ello, la disminución del cortisol y de otras sustancias asociadas a procesos depresivos ejerce un efecto protector sobre la función cognitiva.

Lenguaje, creatividad y evolución

Un estudio publicado en el Journal of Neurolinguistics evaluó funciones cognitivas utilizando música conocida en personas mayores intelectualmente sanas y en personas con trastornos de funciones superiores. Los resultados mostraron mejoras en la memoria y el lenguaje, lo que sugiere que la música optimiza la funcionalidad cerebral.

Cantar, más que escuchar cantar, mejora la musculatura corporal, la fonación y la respiración. Por este motivo se recomienda tanto en personas sanas como en pacientes con enfermedades respiratorias. También se ha observado que quienes cantan, por ejemplo en coros, presentan una mejor respuesta inmunológica. La música puede considerarse un lenguaje primitivo que despierta componentes afectivos y racionales tanto a nivel individual como intersubjetivo. La capacidad musical, frecuentemente denominada oído musical, presenta múltiples variantes: desde el oído absoluto, que permite reconocer notas sin referencia externa, hasta personas que tienen dificultades para distinguir tonalidades. En el hemisferio derecho se localiza además la comprensión de la musicalidad del lenguaje, conocida como prosodia.

La expresión y comprensión de la entonación regional, así como de las variantes tonales del habla como la exclamación o la interrogación, se procesan en esta región. Esta capacidad permite transmitir de manera más eficaz los significados semánticos a través de la entonación. Una misma palabra puede comunicar sentidos muy distintos según cómo se pronuncie. Las personas que no comprenden la sonoridad del lenguaje pueden presentar dificultades interpersonales y sociales. Esta condición puede formar parte de un estilo personal, pero también puede surgir como consecuencia de lesiones cerebrales, generando problemas en la expresión o comprensión emocional del lenguaje, monocordía o incluso el llamado síndrome del acento extranjero.

La musicalidad cognitiva es, entonces, un elemento esencial de la comunicación intersubjetiva. Una función a veces ignorada del pensamiento, pero que enmarca la gramática y la forma de comunicar. Sin musicalidad, no decimos lo mismo. La musicalidad podría estar vinculada con la supervivencia. Es posible que haya evolucionado de manera simultánea al lenguaje o incluso que lo haya precedido. Habría acompañado el desarrollo del cerebro humano, favoreciendo la conducta gregaria y fortaleciendo las relaciones sociales que hicieron posible la supervivencia.

La neurocientífica cognitiva Anna Abraham, de la Universidad de Beckett de Leeds, señala que actividades aparentemente similares -como escuchar música, ejecutarla, componerla o improvisarla- implican, en realidad, funciones cognitivas diferentes. Ambos hemisferios cerebrales intervienen en red en el proceso musical, aunque cumplan funciones específicas. Los dos contribuyen a la creatividad musical, un proceso difícil de controlar o inducir. La epifanía creativa puede surgir en el momento menos esperado; sin embargo, requiere también de momentos de reposo o fluidez, en los que las ideas pueden emerger y ser capturadas.

La creatividad musical involucra múltiples redes neuronales, incluidas áreas frontales y subcorticales emocionales. La música, el canto y la danza dieron lugar a procesos culturales, simbólicos y sociales que contribuyeron al desarrollo cognitivo del Homo sapiens, fortaleciendo la intersubjetividad y el crecimiento del cerebro humano.

Ignacio Brusco para BAE Negocios