Cáritas Ucrania asiste a la población sin calefacción en medio del invierno y los bombardeos


En pleno invierno y bajo los constantes ataques del ejército ruso, miles de ucranianos sobreviven sin calefacción ni servicios básicos. En ese contexto extremo, Cáritas Ucrania se ha convertido en un sostén vital para las poblaciones más vulnerables, especialmente en las zonas cercanas a la línea del frente, donde recibir una comida caliente puede significar mucho más que alimentarse: es un gesto de humanidad y esperanza.

Valentyn Bebik, director del departamento de distribución de ayuda humanitaria de Cáritas Ucrania —organismo de la Iglesia greco-católica—, describió con crudeza la situación que se vive en el país. “Cuando los habitantes de las aldeas en primera línea llegan a los centros de Cáritas, lloran de emoción al pensar que, después de muchas semanas, por fin pueden disfrutar de una comida caliente”, afirmó.

Entre la noche del 8 y el 9 de enero, un nuevo ataque masivo ruso alcanzó infraestructura energética y edificios residenciales en varias regiones del país. En Kiev, el bombardeo dejó al menos cuatro muertos y 26 heridos, y provocó que cerca de la mitad de los edificios residenciales quedaran sin calefacción. Aunque el servicio se restableció parcialmente horas después, persistieron cortes de agua y daños en regiones como Lviv, en un contexto de temperaturas bajo cero.

“La crisis del frío comenzó en otoño y, con la llegada del invierno y los bombardeos continuos, se convirtió en uno de los principales desafíos para la población”, explicó Bebik. Muchas personas viven durante meses sin calefacción, en viviendas dañadas o cerca del frente de combate, donde la supervivencia diaria es una lucha constante.

Desde el otoño, Cáritas Ucrania implementó medidas preventivas, como la distribución de materiales de calefacción y apoyo económico para su compra en comunidades ubicadas a menos de 30 kilómetros de la línea del frente. Actualmente, la organización también responde a la crisis energética provocada por los ataques, mediante la entrega de bancos de energía y pequeñas estaciones de carga.

Las zonas más cercanas al frente siguen siendo prioritarias, tanto para la asistencia humanitaria como para la evacuación de civiles hacia centros de tránsito y alojamientos temporales. Al mismo tiempo, Cáritas mantiene su presencia en todo el país, incluso en regiones consideradas más seguras, ante la evidencia de que ninguna zona está exenta del riesgo de cortes de electricidad y calefacción.

La ayuda se dirige principalmente a los más vulnerables: niños pequeños, personas enfermas y ancianos. Los recientes bombardeos dejaron sin electricidad a ciudades como Zaporizhia y Dnipro, afectando hospitales y unidades de cuidados intensivos. “Cuanto más se prolonga la guerra, más vulnerables se vuelven las personas”, reconoció Bebik.

En los pueblos cercanos al frente, muchas familias sobreviven con temperaturas interiores de apenas 5 a 7 grados centígrados. Sin gas ni leña —a menudo destruidos durante los bombardeos—, incluso una sopa instantánea se transforma en un alivio invaluable. “Después de semanas sin comida caliente, la gente llora de emoción”, relató el responsable de Cáritas.

Pese al sufrimiento y la incertidumbre cotidiana, Bebik destacó la fe y la solidaridad internacional que sostienen la labor de Cáritas Ucrania. “Agradezco profundamente a todos los que ayudan a nuestro país. Su apoyo nos permite seguir acompañando a quienes luchan cada día por sobrevivir”, concluyó.