Más de 158 millones de brasileños están habilitados para votar este domingo 25 de octubre en una segunda vuelta que enfrenta al actual mandatario con el hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Las últimas encuestas muestran una recuperación de Lula, aunque el candidato del Partido Liberal llega con la ventaja obtenida en la primera vuelta.
Brasil celebra este domingo 25 de octubre una elección presidencial decisiva, con más de 158 millones de ciudadanos habilitados para votar en el balotaje entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. La disputa enfrenta dos proyectos políticos opuestos y mantiene la atención de los mercados financieros y los gobiernos de América Latina, ante las posibles consecuencias del resultado para la principal economía de la región.
El actual presidente, representante del Partido de los Trabajadores (PT), busca revertir la derrota sufrida en la primera vuelta y alcanzar su cuarto mandato presidencial no consecutivo. Del otro lado, Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), intenta devolver al bolsonarismo al poder, en un escenario marcado por la situación judicial de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado por su participación en un intento de golpe de Estado.
La primera vuelta dejó una diferencia estrecha entre ambos candidatos. Con el escrutinio completo, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos, equivalente a 56,1 millones de sufragios, mientras que Lula alcanzó el 45,16%, con 53,8 millones. La distancia fue inferior a dos puntos porcentuales, lo que anticipó una segunda vuelta de alta competitividad.
Aunque el resultado inicial posicionó al candidato opositor con ventaja, las últimas encuestas registraron una recuperación de Lula y ubicaron la disputa en un escenario de empate técnico. El mandatario enfrenta el desafío de convertirse en el primer candidato brasileño en ganar un balotaje después de haber terminado segundo en la primera vuelta.
Lula busca revertir el resultado y alcanzar su cuarto mandato
A los 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva afronta una de las elecciones más ajustadas de su trayectoria política. El dirigente del PT intenta conservar la Presidencia frente al hijo de quien fue su principal adversario en los últimos años, en una contienda que vuelve a poner en evidencia la polarización política brasileña.
Nacido en 1945 en Pernambuco, Lula creció en una familia de bajos recursos y se trasladó durante su infancia a San Pablo. Comenzó a trabajar desde joven y posteriormente se convirtió en dirigente sindical metalúrgico, con un papel destacado en las huelgas desarrolladas durante la dictadura militar.
Fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores y llegó por primera vez a la Presidencia en 2003, después de tres intentos electorales fallidos. Gobernó durante dos mandatos consecutivos, hasta 2010, y años después enfrentó causas judiciales por corrupción que derivaron en su encarcelamiento en 2018. Posteriormente, las condenas fueron anuladas y recuperó sus derechos políticos.
En 2022 regresó al poder tras derrotar por un margen estrecho a Jair Bolsonaro. Ahora, Lula busca una nueva victoria electoral que le permita continuar al frente del Gobierno brasileño, aunque esta vez debe remontar la ventaja que su adversario consiguió en la primera vuelta.
Flávio Bolsonaro apuesta al legado de su padre para llegar al poder
Flávio Bolsonaro, senador y candidato presidencial del Partido Liberal, llega al balotaje con el objetivo de consolidarse como el principal referente del espacio político fundado por su padre. Su candidatura busca mantener el respaldo del electorado bolsonarista y, al mismo tiempo, captar a votantes que no se identifican plenamente con el estilo del expresidente.
Nacido en Río de Janeiro, es el mayor de los cinco hijos de Jair Bolsonaro. Abogado de profesión, inició su carrera política como diputado estatal a los 21 años y posteriormente llegó al Senado brasileño a los 37, construyendo una trayectoria estrechamente vinculada con el crecimiento político de su familia.
A diferencia de su padre, Flávio intenta proyectar una imagen más moderada y menos confrontativa, aunque mantiene una identificación directa con el movimiento político que encabezó el exmandatario. Esa combinación constituye uno de los principales ejes de su estrategia electoral.
Durante un acto en Río de Janeiro, el candidato reconoció las dificultades de construir una identidad propia frente a la influencia de su padre. “Es difícil comparar al hijo de Pelé con Pelé”, afirmó, y definió al expresidente como su “brújula”. También se presentó públicamente como un Bolsonaro “más moderado”.
Su campaña estuvo atravesada por investigaciones judiciales y por el debate sobre la continuidad del proyecto político familiar. En la segunda vuelta, el senador necesita ampliar su respaldo electoral sin perder el acompañamiento de los sectores que consideran su candidatura una extensión del liderazgo de Jair Bolsonaro.
Una elección seguida de cerca por los mercados y América Latina
El resultado del balotaje también genera expectativas fuera de Brasil. Los mercados financieros siguen de cerca la definición presidencial, atentos a las perspectivas económicas y a las políticas que podría implementar el próximo Gobierno.
En el plano regional, la elección tiene especial relevancia por el peso económico y político de Brasil, su participación en el Mercosur y sus relaciones comerciales y diplomáticas con los países vecinos.
Con una diferencia mínima en la primera vuelta y encuestas que reflejan una disputa ajustada, Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llegan a la definición presidencial en un escenario abierto, en el que el comportamiento de los votantes será determinante para establecer quién gobernará Brasil durante los próximos cuatro años.

