Aislamiento total: los aliados de Maduro no reaccionaron ante su captura


Nicolás Maduro enfrentará cargos por narcoterrorismo en un tribunal federal del distrito de Nueva York tras ser capturado por fuerzas de elite de los Estados Unidos en una operación relámpago ejecutada el 3 de enero de 2026 en Venezuela. En su hora más crítica, ninguno de los regímenes que durante años lo respaldaron activó mecanismos políticos, diplomáticos ni militares para impedir su caída.

Cuba, Rusia, China e Irán —los principales socios estratégicos del chavismo— permanecieron en silencio. Ni siquiera La Habana, que había montado un férreo esquema de protección e inteligencia alrededor del líder venezolano, logró anticipar o neutralizar el operativo que culminó con la detención de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, y su posterior traslado a bordo del buque anfibio USS Iwo Jima, desplegado en el mar Caribe.

El fracaso fue doble. Por un lado, colapsó el anillo de seguridad diseñado para resguardar al mandatario. Por otro, quedó expuesta la vulnerabilidad del sistema de inteligencia cubano, históricamente considerado uno de los activos más sofisticados del régimen isleño. Hasta el momento, ninguna explicación oficial ha aclarado cómo una unidad del Delta Force logró actuar sin resistencia efectiva en el Palacio de Miraflores. Tampoco se ha explicado si hubo complicidad interna, deserciones o simple inacción de los custodios.

Según reveló The Wall Street Journal, la CIA había infiltrado desde hacía meses a un informante en el círculo íntimo de Maduro, quien aportó datos clave sobre su localización. La revelación abre interrogantes profundos dentro de la cúpula chavista: ¿cuántos otros funcionarios han sido penetrados por la inteligencia estadounidense? ¿Qué margen real de lealtad conservan figuras como Diosdado Cabello o el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López?

La advertencia de Washington también alcanzó a Cuba. El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, lanzó un mensaje directo hacia La Habana al señalar que quienes integran el gobierno cubano “deberían estar preocupados”. La captura de Maduro fue leída como una señal inequívoca de que el respaldo histórico al chavismo ya no garantiza inmunidad.

Rusia reaccionó con declaraciones formales de condena, similares a las emitidas por Irán, pero sin acciones concretas. No es un escenario novedoso: en diciembre de 2024, Moscú tampoco intervino para sostener al entonces presidente sirio Bashar Al-Assad, derrocado en pocas horas por fuerzas insurgentes. La diferencia fue que Al-Assad logró huir con su familia y refugiarse en territorio ruso. Maduro, en cambio, no tuvo margen de escape.

En Caracas también circularon versiones sobre un eventual reposicionamiento interno. De acuerdo con Reuters, la vicepresidenta Delcy Rodríguez habría estado en Moscú —o en viaje hacia allí— al momento de la captura, aunque esa información resulta difícil de sostener dado que participó de una actividad pública junto a Maduro horas antes del operativo. No obstante, tanto ella como su hermano Jorge Rodríguez han sido mencionados en reiteradas ocasiones como eventuales garantes de una transición negociada, con contactos fluidos con Washington. Tras la detención, Padrino López se apresuró a reconocer a la nueva autoridad política.

Irán, pese a su presencia operativa en Venezuela a través de la Fuerza Quds, tampoco activó ningún intento de rescate. En Caracas operan agentes iraníes de alto rango, como Ahmad Asadzadeh Goljahi y Mostafa Shanghaghi, vinculados a la Guardia Revolucionaria Islámica. Sin embargo, el interés estratégico de Teherán parecía centrarse más en el intercambio clandestino de petróleo para evadir sanciones que en la defensa personal del líder chavista.

China, por su parte, había enviado en las últimas 48 horas previas a la captura una delegación de alto nivel para ratificar su respaldo a Maduro. El Enviado Especial para América Latina, Qiu Xiaoqi, junto al embajador Lan Hu y otros funcionarios, se reunieron con el mandatario, quien celebró públicamente el encuentro como una señal de continuidad política. Horas después, las detonaciones que sacudieron Caracas marcaron el fin de su gobierno. Beijing no emitió ninguna reacción inmediata.

El mensaje final fue contundente. La caída de Maduro evidenció que ninguno de sus aliados está dispuesto a intervenir para salvar a los jerarcas del régimen. En Caracas, los sobrevivientes del poder tomaron nota: si Estados Unidos pudo capturar al presidente en cuestión de minutos, nadie está a salvo. Washington ya advirtió que, sin una transición creíble, una segunda ofensiva podría apuntar contra los principales cuadros civiles y militares del chavismo.

La reunión con los enviados chinos fue la última aparición pública de Nicolás Maduro como jefe de Estado. Horas después, fue detenido sin que sus aliados movieran una sola pieza en su defensa. El tablero cambió de forma definitiva. Las fichas que quedan lo saben.

Fuente: Infobae