Adolescentes, límites y salud emocional: la importancia del rol de los adultos en tiempos de hiperconectividad


La psicóloga Karim Mani reflexionó sobre los desafíos que enfrentan familias, docentes y profesionales para acompañar a niños y adolescentes. Destacó la necesidad de escuchar, comprender los cambios de conducta, sostener límites saludables y fortalecer los vínculos frente a una realidad marcada por la inmediatez y la soledad.

La licenciada en Psicología Karim Mani analizó los desafíos que atraviesan actualmente niños y adolescentes y remarcó la importancia del papel que desempeñan los adultos en su acompañamiento emocional, educativo y social.

Durante una entrevista en el programa Cultura en Diálogo, la profesional señaló que una de las preguntas más frecuentes que reciben las familias, los docentes y los especialistas es: “¿Qué les pasa a los chicos?”. Sin embargo, consideró que antes de buscar soluciones rápidas es fundamental detenerse a comprender qué está ocurriendo detrás de determinadas conductas.

Cuando un niño o un adolescente presenta dificultades, baja su rendimiento escolar, se aísla o abandona actividades que antes disfrutaba, primero debemos preguntarnos qué le está pasando. No es un conjunto de síntomas que hay que arreglar, sino una persona atravesada por su historia familiar, su realidad social y económica, sus emociones y experiencias”, explicó.

En ese sentido, sostuvo que los diagnósticos son herramientas valiosas para orientar tratamientos y estrategias de acompañamiento, pero advirtió sobre el riesgo de reducir a los jóvenes a una etiqueta. “No podemos encerrar a un niño en un diagnóstico porque ahí se pierde la pregunta por su singularidad y por su sufrimiento”, afirmó.

Escuchá la entrevista realizada en Radio Tupambaé:

La inmediatez y la dificultad para tolerar el malestar

Mani señaló que la sociedad actual está atravesada por la búsqueda de respuestas inmediatas, una lógica que también impacta en la crianza y en la forma de abordar los problemas emocionales.

Vivimos en una época donde todo parece resolverse de manera instantánea. Sin embargo, el malestar tiene sus tiempos y no existe una receta universal para entender por qué un hijo cambia de conducta o atraviesa una crisis. Cada situación es única”, indicó.

Por ello, consideró necesario que los adultos desarrollen una mirada atenta sobre los cambios que presentan los chicos. Alteraciones en el sueño, la alimentación, las relaciones sociales o el desempeño escolar pueden ser señales que merecen ser observadas y comprendidas dentro de un contexto más amplio.

Adolescencia, contradicciones y acompañamiento

Al referirse a la adolescencia, la psicóloga describió esta etapa como un período de profundas transformaciones, marcado por contradicciones y búsquedas personales.

Hay días en los que necesitan contención y cercanía, y otros en los que parecen rechazar cualquier acercamiento. Es parte de un proceso en el que se están construyendo como personas”, explicó.

Frente a esta realidad, destacó que los adultos deben asumir su responsabilidad de orientar y acompañar sin caer ni en el autoritarismo ni en la ausencia de límites.

Los padres no son amigos de sus hijos. Pueden dialogar, explicar y escuchar, pero siguen teniendo la responsabilidad de tomar decisiones que los chicos todavía no están en condiciones de asumir”, sostuvo.

El valor de los límites

Durante la entrevista, Mani subrayó que los límites continúan siendo una herramienta necesaria para el desarrollo saludable de niños y adolescentes.

Los límites brindan organización, seguridad y permiten convivir con otros. No se trata de imponer una obediencia ciega, sino de marcar un camino que ayude a los chicos a crecer y desenvolverse en sociedad”, explicó.

Asimismo, reconoció que muchos padres experimentan temor a equivocarse debido a la enorme cantidad de información disponible sobre crianza en redes sociales, libros e influencers.

Existe una presión constante sobre las familias para hacerlo todo bien. Pero no hay una crianza perfecta. Los padres van a equivocarse y eso también forma parte del proceso”, señaló.

Frustración, autonomía y aprendizaje

La profesional también se refirió a la tendencia de algunos adultos a intentar evitar cualquier sufrimiento en los hijos. Según explicó, la frustración forma parte inevitable de la vida y constituye una experiencia necesaria para el desarrollo emocional.

No podemos salvarlos de la tristeza, del dolor o de las dificultades. Lo que sí podemos hacer es acompañarlos y brindarles herramientas para que aprendan a enfrentar esas situaciones cuando aparezcan”, manifestó.

En esa línea, destacó la importancia de permitir que los niños y adolescentes desarrollen gradualmente autonomía y capacidad de resolución de problemas, siempre con el acompañamiento de los adultos.

Conectados, pero solos

Otro de los aspectos abordados fue el impacto de la tecnología y las redes sociales en los vínculos familiares.

Estamos hiperconectados, pero muchos chicos llegan al consultorio diciendo que se sienten solos. La pregunta es cuánto tiempo de calidad compartimos realmente. Estar en la misma casa no significa necesariamente estar conectados emocionalmente”, observó.

Por ello, invitó a recuperar espacios de conversación, escucha y encuentro dentro del hogar. “No hace falta wifi para conectar con alguien. Hace falta disponibilidad emocional y ganas de escuchar”, expresó.

Cuándo consultar a un profesional

Finalmente, Mani recomendó no esperar a que una situación se vuelva crítica para buscar ayuda especializada.

No es necesario quedarse sin herramientas para consultar. Podemos hacerlo antes, cuando algo nos preocupa o nos llama la atención”, afirmó.

Entre las señales que merecen atención mencionó los cambios bruscos en el comportamiento, el aislamiento social, las alteraciones del sueño o la alimentación, el descenso en el rendimiento escolar y los comentarios frecuentes de desesperanza, incluso cuando aparecen en tono de broma.

Además, destacó la importancia de escuchar las observaciones de la escuela y trabajar de manera conjunta con docentes y profesionales.

Pedir ayuda no significa que algo sea gravísimo. Significa que tenemos la posibilidad de ocuparnos de lo que está pasando antes de que el problema crezca”, concluyó.