Visita a la División Resguardo de Detenidas en Itaembé guazú


Ayer por la mañana, junto a nuestro obispo Juan visitamos, una vez más, la División Resguardo de detenidas, a cargo de la policía provincial. Agradecemos la hospitalidad y confianza de la jefa del lugar, Rosana Amarilla, y de todo su personal. En un clima distendido y de mucha sinceridad, el obispo escuchó a nuestras hermanas detenidas, compartiendo sus inquietudes, tristezas y esperanzas, anécdotas personales e incluso momentos cargados de sonrisas y expresiones de espontánea alegría, aún en medio de las dificultades que viven. El obispo, siendo testigo de la riqueza de fe que hay en ellas, las alentó a seguir confiando en Dios, a mantener el buen ánimo y la fortaleza. También, a mirar hacia adelante con esperanza sabiendo que todo pasa y que siempre existe la oportunidad de tiempos nuevos. Rezamos, como familia de Dios, por estas intenciones, por sus familias y por la salud de cada una de ellas, recibiendo la bendición del obispo. En esta oportunidad les llevamos ropa y calzado, renovando nuestro compromiso de seguir acompañándolas y ayudándolas con mercadería y elementos de higiene, como lo hacemos habitualmente. El Papa Francisco nos alienta a ser una Iglesia “en salida hacia las periferias geográficas y existenciales”. Este lugar, como tantos otros, forma parte de las periferias “olvidadas” por la sociedad del consumo y del bienestar egoísta e indiferente. Como decimos siempre: una persona puede estar privada de su libertad, pero nunca de su dignidad, manteniendo siempre la oportunidad de la conversión, como todo ser humano, sin excepción. En este sentido, nos dicen los obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida (Brasil), en 2007: “La mirada cristiana sobre el ser humano permite percibir su valor, que trasciende todo el universo. Dios nos ha mostrado de modo insuperable cómo ama a cada ser humano, y con ello le confiere una dignidad infinita. Nuestra fidelidad al Evangelio nos exige proclamar en todos los espacios públicos y privados del mundo de hoy, y desde todas las instancias de la vida y misión de la Iglesia, la verdad sobre el ser humano y la dignidad de toda persona humana” (cfr DA 388.390). La Madre Teresa de Calcuta nos regala este criterio para obrar en nuestra vida cotidiana: “Si tú juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla. Si en verdad queremos amar, tenemos que aprender a perdonar”.

Que Jesús y la Virgen de Loreto, Madre del Pueblo de las Misiones, nos ayuden a vivir como Iglesia en salida hacia las periferias geográficas y existenciales.

Fuente: Cáritas Diocesana


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